19 may. 2013

AMOR BAJO EL ESPINO BLANCO


Títol original: Shan zha shu zhi lian
Direcció: Zhang Yimou
Guió: Yin Lichuan, Gu Xiaobai i A Mei; basat en la novel·la “Hawthorn tree forever” d'Ai Mi
País:  China, 2010
Fotografia: Zhao Xiaoding
Música: Qigang Chen
Muntatge: Peicong
Interpretació: Zhou Dongyu, Shawn Dou, Xi Meijuan, Li Xuejian, Cheng Taishen, Sa Rina
Durada: 121 minuts
Versió: original subtitulada en castellà
Calificació: Apta per a tots els públics










Reeducación en la delicadeza del amor


En “Amor bajo el espino blanco”, Zhang Yimou retrata una historia de amor imposible con sensibilidad y buen gusto. Una entrañable e idílica estampa llena de humanidad y emoción, que despierta sentimientos sutiles y profundos.

Resulta fascinante la sensibilidad y buen gusto con que Yimou retrata a sus personajes, el acierto de casting con los actores y la facilidad con que les dirige hasta hacerles hablar con el silencio y la mirada, hasta lograr que compartan con el espectador
sentimientos tan sutiles y profundos como frescos y auténticos. Todo en la vida de estos dos enamorados respira pureza y sacrificio, sinceridad y sencillez, ternura e ingenuidad. Y todo expresa la fuerza del amor y el dolor de la pérdida, de forma que lo que no se cuenta —la subtrama política o el pasado de la madre de Jing, por ejemplo— cobra tanta realidad como lo que se explicita en esos furtivos encuentros y en esas promesas de fidelidad. Asistimos a una historia —real— de amor romántico y de inocencia, a una leve denuncia política y social que clama por la
libertad y la dignidad, a una entrañable e idílica estampa llena de humanidad y emoción. Amor, política, educación y familia tratados con una fuerza algo atemperada en su carácter mainstream, con un pudor y exquisitez que hacen que el espectador llore a gusto y se reconforte en lo más íntimo con estos amantes de Verona trasladados a la China de Mao.

El director coge su paleta cromática más luminosa para retratar ese amor puro y limpio, trabaja una puesta en escena muy cuidada tanto en el atrezzo 
como en la planificación, y se sirve de una preciosa fotografía o de una emotiva banda sonora para conmover y ganar hondura emocional. Hay planos de perfecto detallismo, ritmo reposado o maravillosa complicidad de las miradas, y secuencias tan sutiles y densas como ese atravesar el río cogidos con un palo, rica metáfora de la fragilidad y delicadeza del amor. El trabajo artístico trata de alcanzar las emociones más íntimas y humanas manteniéndose en un acertado equilibrio, aspira a no quedarse en lo superficial y evita que hablemos de manipulación
sentimental o de ñoñería trasnochada. En la propuesta de Yimou hay honestidad, contemplación, poesía y humor porque las espontáneas salidas de los más pequeños o algunas reacciones de la pareja contribuyen decisivamente a dar aire al drama y comicidad a una situación de por sí dura y dolorosa.

Si la interpretación de Zhou Dongyu fue toda una agradable sorpresa que le hizo merecedora del premio a mejor actriz en la última Seminci, también destaca el trabajo de Xi Meijuan como madre de 
Jing, a la que dota de una extraordinaria profundidad y contención de sentimientos. Una película entrañable y conmovedora, ideal para quienes busquen sentidas historias de amor, tratadas con una hermosa estética y contadas a base de fogonazos impresionistas, como si se tratara de recuerdos de una época dorada que permanecen intactos en la memoria de unos enamorados que fueron reeducados en la delicadeza del amor.

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