19 abr. 2017

45 AÑOS (Andrew Haigh, 2015

DIVENDRES 21 D'ABRIL A LES 20:30 A LA VIOLETA


45 AÑOS

Títol Original: 45 Years
Direcció i guió: Andrew Haigh
País: Regne Unit, 2015
Fotografía: Lol Crawley
Interpretació: Charlotte Rampling, Tom Courttenay, Geraldine James, Dolly Wells...
Durada: 93 min.
Versió: Doblada
Gènere: Drama
Qualificació: No recomanada a menors de 7 anys

Sinopsi: Només falta una setmana pel seu 45è aniversari de noces i Kate Mercer està molt ocupada amb l’organització de la festa. Es llavors quan arriba una carta dirigida al seu marit, en la que es notifica que s’ha trobat el cos sense vida del seu primer amor congelat als Alps suïssos.

Premis:
2015: Premis Oscar: Nominada a Millor Actriu (Charlotte Rampling)
2015: Festival de Berlín: Millor Actor (Tom Courtenay) i Millor Actriu (Charlotte Rampling)
2015: Festival Internacional de Valladolid – Seminci: Millor Actriu (Charlotte Rampling)



Comentaris professionals:

“Un drama en que cada plano es filmado de una forma tan sincera y con tanto detalle que permite ir más allá de la superficie para, con toda la sencillez del mundo, alcanzar lo más hondo.
Luís Martínez
Diario El Mundo

“Haigh sigue indagando en el lenguaje secreto del amor y su reverso a través de la mirada íntima. Película sutil, humanísima y desoladora”
Jordi Costa
Diario El País

“Su retrato en 45 años de una mujer que comprueba lo fácil que resulta que el precario equilibrio matrimonial se derrumbe confirma a Charlotte Rampling como una actriz monumental.”
Sergi Sánchez
Fotogramas



Fantasmas y miradas
crítica de Àngel Andreu

No importa que uno se acerque a ver 45 años sabiendo parte de su argumento. Incluso sabiendo el inicio, el detonante o el final, pues como en las grandes historias, lo importante es el camino. Amar la trama más que el desenlace, recitaba un cantautor. Nuestra película se abre y se cierra con un mismo tema musical, pero en apenas una hora y veinticinco minutos se nos han explicado tantas cosas, que la canción parece haber cambiado por completo. Es el gran cine el que nos cambia, el que nos despierta preguntas y el que nos hace salir de la sala más grandes en algún sentido. Ante nosotros tenemos una película en apariencia pequeña y sencilla, pero a medida que pasan los minutos nos damos cuenta de que no es así: estamos ante una película enorme, compleja y perfecta – si es que algo puede serlo-.


45 años nos explica la historia de Kate y Geoff, una pareja adulta que lleva junta exactamente el tiempo referido en el título. Son mayores y se comportan como tales. Nada de clichés y los estereotipos a los que estamos (mal) acostumbrados de ver en todo tipo de películas. Andrew Haigh, director y guionista de esta cinta, es un creador inteligente y respetuoso, ha adaptado un relato corto de David Constantine y nos muestra la realidad en formato cinematográfico: sus personajes pasean, leen, tocan el piano, bromean, tienen sus planes para llenar el día, se besan, se apasionan, hacen el amor, se enfadan con sus amigos, critican a sus espaldas...Viven, como cualquier persona. Apaciblemente. Hasta que a principios de semana aparece una carta que va a resquebrajar todos los cimientos de una relación que en menos de siete días tiene planeado celebrar casi medio siglo de casados. Lo que sigue es digno de ver, pues estamos ante un recital de actuaciones, dirección, guión y planificación que respira aire de obra maestra. Aunque lo que cuente pueda ser doloroso.

Haigh mueve la cámara con una delicadeza y sutileza asombrosas. Situando la cámara siempre a la altura de los ojos de nuestros protagonistas, está atento al detalle más pequeño y desgarrador sin necesidad de aspavientos o recursos dramáticos. Se aleja del melodrama y nos muestra, plano tras plano, un drama sin drama. Como los grandes maestros, sabe de la importancia de dejar actuar y respirar a sus actores: la cámara parece que flote, siguiéndolos, de manera descriptiva, centrándose en cada respiración, caricia y mirada para, con toda la sencillez del mundo, llegar a lo más hondo. Lo que tenemos ante los ojos son dos personas reales que viven una historia de verdad.


Mención aparte merecen sus actuaciones. La elección de Tom Courtenay y Charlotte Rampling no podría ser más acertada: actores que han cargado con toda una vida a sus espaldas y saben de la importancia de los silencios, las pausas, las miradas y los pequeños gestos. Es realidad lo que transmiten y, por irónico que parezca, eso es lo más complicado de la actuación. No vemos a dos actores interpretando un papel, lo que tenemos ante nosotros son dos personas que, tras la aparición de un fantasma en sus vidas, dejan ver como sus cicatrices se abren para acabar convirtiéndose en heridas de difícil curación. Heridas que suscitan preguntas en nuestro interior, que nos hacen replantear qué hemos estado haciendo a lo largo de nuestra vida, con quién hemos compartido techo y cama y, sobretodo, lo más sobrecogedor: preguntarse si, tras toda una vida, ha merecido la pena.
Charlotte Rampling, protagonista indiscutible, nos presenta el que posiblemente sea el mejor papel de toda su carrera, demostrando que los papeles que huelen a historia se construyen desde lo más pequeño: un gesto, una caricia, un respiro, un silencio… una mirada. Pocas veces se ha contado tanto en pantalla con la mirada de un personaje. No le hace falta ninguna palabra para que nosotros, los espectadores, nos demos cuenta de lo que se está removiendo en lo más profundo de su ser: alegría, tristeza, miedo… podemos incluso ver el momento en que se le rompe el corazón, y sin necesidad de recurrir al llanto, la palabra o recursos enfáticos. Simplemente maravilloso.

Película tremenda que no llega a la hora y media de duración, 45 años produce un profundo calado en el espectador. Dolorosa y a ratos sobrecogedora, pero de una realidad asombrosa. Uno acaba la visualización de la cinta con la sensación de haber asistido a una proyección de gran cine, aquel que nos recuerda que debemos amar más la trama que el desenlace.




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