14 mar. 2017

NUESTRA HERMANA PEQUEÑA (Hirokazu Kore-eda, 2015)

DIVENDRES 17 DE MARÇ A LES 20:30 A LA VIOLETA

NUESTRA HERMANA PEQUEÑA

Títol Original: Umimachi Diary (Kamakura Diary)
Direcció i guió: Hirokazu Kore-eda
País: Japó, 2015
Fotografía: Mikiya Takimoto
Interpretació: Haruka Ayase, Masami Nagasawa, Suzu Hirose, Kaho, Ryô Kase...
Durada: 128 min.
Versió: Doblada
Gènere: Drama
Qualificació: No recomanada a menors de 7 anys

Sinopsi: Sachi, Yoshino i Chika son tres germanes que viuen a casa de la seva àvia a Kamakura, al Japó. Un dia els hi arriba la notícia que el seu pare, qui les va abandonar quan eren petites, ha mort, així que decideixen assistir al seu funeral. Allà coneixen a la filla que el seu pare va tenir fa 13 anys amb una altra dona i, ben aviat, decideixen anar a viure les quatre germanes juntes.

Premis:
2015: Festival de San Sebastián: Premi del Públic
2015: Festival de Cannes: Secció oficial a Competició




Comentaris professionals:

“Este director no es un sensiblero ni un cursi. Es otra cosa. Un poeta identificable.
Carlos Boyero
Diario El País

“Kore-eda confirma su condición de gran heredero de los viejos maestros. Dominada por la serenidad de tono y el asombro ante el detalle cotidiano, “Nuestra Hermana Pequeña” no es cursi: es sabia.” Puntuación: **** (sobre 5).
Jordi Costa
Fotogramas

“Delicadeza y precisión. Presenta la versión más pausada del director en una historia en la que la delicadeza en el detalle gana siempre a la tensión”. Puntuación: **** (sobre 5)
Quim Casas
Diario El Periódico


La sencillez de la mirada
crítica de Àngel Andreu

Decir que Hirokazu Kore-eda es uno de los directores nipones en activo más importantes del momento no es algo nuevo, pues con cada película que estrena va confirmando más lo que nos viene demostrando desde sus primeros largometrajes. Bebedor del clasicismo japonés, maestro de la sutileza y la sencillez, y que hablen de él como un claro heredero del cine de Yasujirô Ozu en cada film suyo que se proyecta en una pantalla no son palabras menores. Tampoco son palabras menores cada una de las que escoge para que pronuncien los personajes de sus historias, aunque a veces sean escasas. Pero eso no le supone ningún problema al director, todo lo contrario: Nuestra hermana pequeña es una película de miradas, de silencios, de presencias y de ausencias. Un poema de amor a la cotidianidad narrado de manera sabia por aquel que sabe cómo y qué decir.

El cine de Kore-eda no se sirve de grandilocuencias ni florituras de estilo vacuas. El suyo es un cine de paseos bajo los cerezos en flor, de tradiciones, de tardes soleadas, de gente sentada alrededor de una mesa, bebiendo té, en una cómoda sala de estar con las puertas de la terraza abierta. Un cine de amores sin contacto, con miradas que tienen más significado que un roce de labios. Cámara reposada, sentada, atenta, detallista. No hacen falta aspavientos para demostrar un enfado, ni un plano en constante movimiento para provocar tensión. Elegante y delicado, Kore-eda teje una historia suave como la seda alrededor de cuatro personajes centrales -en este caso, cuatro hermanas- que a raíz de la muerte de su padre deciden vivir juntas bajo un mismo techo.


Adaptación de un manga, Kore-eda separa la historia mediante fundidos a negro, como si de capítulos de un libro se tratase, o como si un poeta terminase de recitar una estrofa. Los diferentes temas que va tratando (que no son pocos ni nímios) van apareciendo a medida que avanza el metraje, y todos ellos se van cocinando sin pausa pero sin prisas, saltando de una hermana a otra con la habilidad de un maestro. Nuestra hermana pequeña demuestra una solidez en la mirada humanista del director que, con tono optimista y alejado de toda cursilería, nos habla sobre los retos, la toma de decisiones, de la aceptación de los problemas vitales asimismo como la capacidad para superarlos. Kore-eda nos habla de los placeres de aprender a vivir, del poder del perdón cuando se observa con mirada limpia, sin odio ni rencor.

Habrá quien critique este film argumentando que en él no sucede nada. Todo depende de los ojos que miren. Asombrado por el detalle, Kore-eda nos demuestra que la belleza está a nuestro alrededor y que en los pequeños gestos pueden hallarse las grandes acciones: en la compra de unos palillos para comer, en la recolecta de unas ciruelas o en las marcas que se hacen en ellas, en un paseo en bicicleta u otro a pié por la playa… En unos fuegos artificiales todos alzamos la vista hacia el cielo para ver como los cohetes explotan en una lluvia de colores. Kore-eda, en lugar de levantar la mirada, prefiere observar este acontecimiento en el reflejo del mar, o desde la lejanía. Le interesan las personas y cómo ellas observan. Le interesa aquello que les sucede alrededor. Le interesa la vida, y nos lo demuestra con una sencillez al alcance de todo aquel que esté dispuesto a mirar y observar. Y eso no son palabras menores. Nuestra hermana pequeña nos demuestra, una vez más, que Hirokazu Kore-eda puede ser bebedor de los clásicos y heredero de los grandes maestros, pero también que está a un paso de convertirse en uno de ellos.



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