14 dic. 2015

Mandarinas (Zaza Urushadze, 2013)

DIVENDRES 18 DE DESEMBRE A LES 20:30 a la VIOLETA


Títol Original: Mandariinid (Tangerines)
Direcció i guió: Zaza Urushadze
País: Estonia, 2013
Fotografía: Rein Kotov
Música: Niaz Diasamidze
Interpretació: Lembit Ulfsak, Giorgi Nakashidze, Misha Meskhi, Elmo Nüganen...
Durada: 83 min.
Versió: Doblada
Gènere: Drama
Qualificació: No recomanada a menors de 7anys

Sinopsi: L'any 1990 esclata la guerra en una província georgiana que busca l'independència. Ivo, estoni, decideix quedar-se a diferència de la resta dels seus compatriotes, ja que ha d'ajudar al seu amic Margus amb la collita de mandarines. Només començar el conflicte, dos soldats resulten ferits davant de casa seva, i Ivo es veu obligat a cuidar d'ells sense importar a quin bàndol pertanyen.

Premis:
2014: Premis Oscar: Nominada a Millor Pel·lícula de Parla No Anglesa
2014: Globus d'Or: Nominada a Millor Pel·lícula de Parla No Anglesa
2014: Satellite Awards: Millor Pel·lícula de Parla no Anglesa


Comentaris professionals:

“Hay tanta tensión como distensión, hay tanta furia como razón, y hay tanta sencillez como profundidad y tanto hígado como poesía inesperada. Casi redonda, como su propio título sugiere” Puntuación: **** (sobre 5)
E. Rodríguez Marchante
Diario ABC

“Es una gran película, modesta y acogedora, noble y civilizada” Puntuación: ***** (sobre 5)
Jordi Batlle Caminal
Diario La Vanguardia

“Una declaración contra la guerra a pequeña escala, conmovedora y accesible.”
Dennis Harvey
Variety



Gritos de humanidad
crítica de Àngel Andreu

Hace justo un año, esta Mandarinas (Mandariinid, 2013) que hoy nos ocupa, fue nominada en diferentes -e importantes a nivel comercial- certámenes cinematográficos al premio a Mejor Película de Habla No Inglesa. A priori podría sorprender, pues nos encontramos aquí con uno de los films más sencillos (atención, que no simples) que seguramente podría colarse en una entrega de premios: 650.000 euros de presupuesto, apenas 4 actores principales, una localización... pero en cuanto uno termina de ver Mandarinas, se da cuenta de que las menciones especiales no eran cosa de sorpresa: nos encontramos aquí ante un film necesario.

Tiene el cine la capacidad de convertirse, como manifestación artística que es, en una herramienta (o arma) propagandística. Dependiendo en las manos que caiga, una película puede posicionarse en un bando u otro, puede alentar a una nación o incluso- por suerte- puede ser un canto a la paz y a la humanidad. Como ya dijo un crítico en su momento, “ninguna herramienta como el cine para extender la virtud de la cordura.”


Mandarinas es justamente un film de esta última clase. Partiendo de una de las verdades universales más poderosas que existen – en la guerra no hay vencedores, sólo vencidos-, Zaza Urushadze, director georgiano, nos sitúa en una provincia georgiana donde acaba de estallar la guerra por la independencia de dicho lugar. Ivo, estonio y protagonista del film, ayuda a su amigo Margus a recoger una cosecha de mandarinas cuando, de repente, una pequeña escaramuza tiene lugar justo delante de su casa. Hay dos supervivientes, pero resulta cada uno pertenece a un bando del conflicto. Ivo y Margus, convencidos, socorren a los dos y los protegen bajo un mismo techo, curando sus heridas y forzándoles a una convivencia con el único fin de salvar sus vidas. No importa qué causa defiendan. Claro que no. Son personas, y en la guerra, recordemos, solo hay vencidos.

El film de Urushadze se sustenta en cuatro pilares interpretativos -magnífica interpretación de Lembit Ulfsak en el papel del anciano Ivo- y en una estructura clásica y poco novedosa. Pero no importa, aquí no hay mensaje oculto ni metáforas que descifrar: la honestidad con la que está tratada la historia y el mimo con el que está construida cada escena merecen todos los elogios habidos y por haber. El drama se desenvuelve con ciertos toques muy bien distribuidos de comedia, crítica (un par de ataques hacia la situación cultural en territorio georgiano) y momentos de naturalidad intimistas y autenticidad, demostrándonos la suavidad y la concisión con la que se puede abordar un tema tan espinoso como éste. Mandarinas muestra su clara intención desde el primer minuto de proyección, y es ante este posicionamiento donde el director -y también autor del guión- nos proporciona una lección de humanidad que funciona como un efectivo antídoto para el odio.


Se ha criticado el film  por su falta de pretensiones narrativas, por su final y, en contadas ocasiones, por su sencillez. Pero recuerden que quien escribe estas líneas ha clasificado Mandarinas como una película necesaria. Necesaria por demostrarnos que se puede luchar sin necesidad de realizar “misiones de paz”. Necesaria por explicar que un “no a la guerra” es mucho más efectivo que unas “bombas por la paz”. Necesaria porque en un momento de desesperación social, es capaz de gritar buscando oídos que todavía sepan escuchar. Necesaria porque, a pesar de todo lo que se vive en la actualidad, quiere demostrar que en el mundo todavía resta humanidad.


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